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  Viéndolo
 

Cumpliendo con lo prometido

Aquellos que vivimos en el proceso de agradar a Dios, empezaremos a ver tarde o temprano lo que no se puede ver con los ojos.
Este hecho, a veces esporádico y otras frecuentes, siempre está sujeto a decisión de Dios. Sería una necedad e ignorancia creer que se debe a alguna aptitud, esfuerzo o trayectoria personal. Siempre la iniciativa proviene de Dios. Algunas situaciones registradas en las escrituras en torno a Jesús y los hermanos del primer siglo tuvieron diferentes marcos y razones, sea para anticipar algo como en la transfiguración de Jesús con Moisés y Elías; o el caso de Esteban para sostenerlo y alentarlo en su agonía, instantes antes de partir; otras veces las razones quedan entre el Señor y la persona involucrada, así le ocurrió a Pablo cuando fue llevado al tercer cielo, mientras que en otra ocasión todos se enteraron del contenido, tal es el caso de Juan encarcelado en la ista de Patmos , cuando el Señor le habla y muestra cosas puntuales respecto a los hermanos y también el triunfo final del Reino de Dios.
Si, concretamente vemos; pero vemos cuando el Señor Jesús así lo requiere. Estos hechos están ligados a la vida misma. Pretender enumerar las situaciones es como querer atrapar el viento, pero es obvio que se enfocan en lo personal, lo grupal, sobre terceros o aquello que Él considere necesario para nuestro bien dentro su propósito trascendente.
Dios lo anticipó muchos años antes de la venida de su Hijo, cuando dijo por medio de un profeta que los jóvenes verán visones, y los ancianos tendrán sueños. También Jesús habló en privado a sus discípulos; debido a que Él tenía que regresar con su Padre. Esto que Él añadió está en  total vigencia, y es para todos los que le seguimos: Él envía el Espíritu Santo a sus discípulos y desde ese momento, Este nos transmite lo que tenga que decirnos de parte suya. Un bebé escucha desde que sale desde el vientre materno y su oído se inicia en el distinguir quien es quien a su alrrededor.
Así es, escuchamos desde que nacemos, y tambien vemos a su debido tiempo.

El medio o la forma de ver, el cómo y el cuándo, si es necesario o no, lo decide Él según el caso de cada uno. En definitiva vamos conociendo al Hijo de Dios y siendo guiados a toda la verdad. Pero lo veamos o no, nuestra certeza es que podemos esperar confiados en Él ya que - meses más, semanas menos, años más – jamás seremos confundidos pues Él habita en nosotros y nos guiará según su conocimiento absoluto y anticipado hacia lo que verdaderamente conviene y nos afirma.
Su compañía e intervención, cualquiera sea la forma, siempre será coincidente con sus palabras dichas y los hechos registrados en las sagradas escrituras pues así como Él agrada a su Padre, así también nos guiará a todos nosotros a serles fieles a Dios. Puedo entender lo que me habla un Japonés, porque siendo yo de habla española aprendí previamente su idioma. De igual modo las sagradas escrituras, sus palabras en los cuatro Evangelios, siguen siendo entre nosotros la fuente para conocer que El es quien nos habla, que son sus palabras hoy y confirmar el espíritu sobre algo puntual pues nos hace entender su camino: El es muy claro aún en la tormenta. 
Lo que hoy podemos considerar alguna ventaja se contradicen pese a que el Señor se pone  a nuestro alcance, pero si observamos la guía del Señor por medio del Espíritu Santo en las vidas de los primeros cristianos comprobaremos una dirección perfecta que en nada se contradijo con las palabras que Él habló aquí  durante sus 3 años; por el contrario eran una clara confirmación de su voluntad presente.
En este punto hay algo que nos confronta: las primeras cartas empezaron a circular algunas décadas más tarde, eran pocas y se las pasaban entre los hermanos de diferentes regiones dentro del imperio Romano cuando alguno viajaba, por lo cual nos preguntamos: 
¿ dónde residíó diariamente la palabra en el primer siglo?
la respuesta es: en “hojas de carne”
¿y qué leían u oían entre ellos?
la respuesta es: leían con sus oidos escuchando la vida del Señor entre ellos, pues todos compartian unos con otros al Señor en su Cuerpo de redimidos.
La mayor parte de aquellos cristianos no sabían leer ni escribir, pero esto que hoy podríamos calificar de una “limitación” no fue así para ellos. Desde que surgieron los primeros miles de hermanos y hermanas, ellos hicieron algo habitual de aquel entonces y poco usual hoy día: se recordaban diariamente unos a otros la verdad sobre el Señor, sus mismas palabras, conducta y hechos y todo lo que el Espiritu en ellos les iba revelando y orientando. Así abundaba la palabra del Hijo de Dios en su interior , y así se renovaban en el espíritu de la mente para vivir como vivió Jesús agradando a su Padre. La repetición y reiteración entre ellos escribía en sus vidas la vida del Señor.
Ni ayer, ni hoy ni mañana, el Señor Jesús se contradecirá en nada de lo que diga o muestre, porque es su mismo Espíritu en nosotros mediante el cual Él nos habla y guía. Aunque las palabras registradas sobre el Padre Eterno en la carta de Santiago están enfocadas en otro contexto, bien caben respecto a su Hijo Amado: “en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” , sus palabras son las misma hoy que ayer, y lo seran tambien mañana, porque El Señor no cambia.
Testigos entre Testigos
Al presente, muchos pueden atestiguar con total sinceridad que el Hijo de Dios les ha guiado mediante visiones puntuales, o sueños mientras dormían. Lejos está de Él que esto sea para nuestro entretenimiento o vana satisfacción. Lo hace porque nos ama y a veces considera que es la mejor forma de hablarnos. Pero todos aquellos que vivieron o viven esto, también aprendieron a no apurarse, a no forzar nada, a esperar el cumplimiento de lo que vieron y oyeron. La veracidad de estos hechos en más de una ocasión requiere estar dispuestos a “tomar la cruz”. En ocasiones han sido calificados respetuosamente como “regalos” o “mimos” de Él, y la realidad de estos acontecimientos nos lleva a comprender que el alarde o la superioridad disimulada están de más, la mera idea o anhelo de acumular este tipo de experiencias para una fe más firme, es una expectativa errada de nuestra parte. Si no fuera por el sostén del Señor, sus palabras y la compañía de algunos hermanos o hermanas fieles a Dios, eventualmente podemos atravesar incomprensiones inesperadas, aislamientos de terceros y lágrimas vertidas que el Señor sabe recoger, ya que a veces se hace difícil llegar a buen puerto, pero siempre llegamos.
Que veamos o escuchemos alguna vez, es simplemente un medio más para que se cumpla su propósito en cada uno de nosotros: vivir en esta tierra como vivió Jesús, agradando a su Padre como se hace en los cielos entre sus hijos o el entorno social, con el añadido que: aquí somos parte de la extensión de su Reino.  Si algo bueno tienen las vasijas, si sirven a la función para la cual fueron hechas, es todo gracias a la creatividad y manos del maestro alfarero, ¿o vamos a creer que es mérito de la vasija?
Otras veces nos damos cuenta de hechos concretos que El permite, y estan carentes de ver o escuchar algo de parte suya. Estos hechos afirman una vez más su intervención a favor de sus Hijos e Hijas, pero todos sabemos que El ama a todos por igual. No somos privilegiados, de allí que estos acontecimientos también les ocurre a los que son indiferentes o no les interesa vivir relacionados con Él; si se quiere se los puede considerar como un señal de parte de Dios. 
Respecto a los que son indiferentes a Dios - se percaten o no de Su intervención divina - el hecho de vivir distanciados de El  por causa del pecado y la prioridad de sus criterios de alguna forma tapan la importancia de cualquier señal clara de Su parte, y continuan en su andar o especulan en algún sentido, y eso tiene su  riesgos. Por algo Dios se anticipa. Esto nos ocurrió a algunos de nosotros y no fue nada bueno en ninguna manera.
Puestos los ojos en Él, para todo.
Mientras dure el universo, así como ningún antepasado ha visto a Dios, tampoco ninguno de nosotros lo verá, así lo dispuso Dios; sin embargo su Hijo eterno fue visto por miles de personas cuando estuvo en este mundo. Después de su muerte y vuelto a la vida -  en cuerpo espiritual -  se presentó a cerca de 500 de los suyos, y desde que regresó a su Padre, fue y es visto cuando El así lo quiere.
Hay varias magníficas descripciones que se hacen sobre el Hijo de Dios resucitado, que hoy está con su Padre. 
Uno de los primeros enviados por el Señor Jesús, escribió en la carta a los creyentes que vivían en la zona de Colosas: “El – Jesús – es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación…”.
Juan en su carta – su evangelio - que anuncia a Jesús, lo llama el “Verbo”: “en el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Varias décadas más tarde, estando Juan encarcelado por Roma en una isla, es llevado en el espíritu hacia el Señor Jesús, allí cuenta lo siguiente: “cuando le vi caí como muerto y El puso su diestra sobre mi diciendo: “no temas, Yo soy el primero y el último, el que vivo y estuve muerto, más he aquí que vivo por los siglos de los siglos….”.
Antes que estos hermanos dijeran o escribieran algo, Jesús declaró varias veces, tanto en privado como en público, respecto a que él provenía de Dios, que lo conocía y que volvería con su, Padre:
“el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”
“Yo hablo lo que he visto cerca del Padre”
“Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras”
 “ nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar”
 “Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste”
"he dicho que voy al Padre, porque el Padre mayor es que yo."

"si me conocieseis, tambien a mi Padre conocierías y desde ahora le conocéis; y le habéís visto"

“Yo y el Padre una cosa somos”

Por ello Dios estableció que todos lo conozcamos mediante confiar y seguir a su Hijo Amado.
Aunque conozco  hermanos que primero vieron y escucharon, porque el Señor Jesùs asi lo dispuso, cuyo motivo solo El conoce; la mayoría de las veces el comienzo o el despertar a la confianza en Jesús no será por tener una visión, sino por oír con fe la verdad sobre Él. Las excepciónes estan, pero mientras exista éste universo, el Hijo de Dios seguirá diciendo: “bienaventurados los que no vieron y creyeron”. 

Los que hemos vivido haciendo lo que nos parecía bien o mal, hemos hecho las cosas conduciéndonos por nuestros criterios. Eso es lo normal para todos desde que nacemos. Sean 15, 30, 70 años de vivir así, no importan cuántos sean, nuestra naturaleza y conducta nos distancia opuestamente de Dios viviendo en completa ignorancia e indiferencia. Los primeros cristianos denominaban a esto: vivir en “tinieblas” u oscuridad y la característica es que el pecado tiene fuerza en nosotros y vivimos pecando en contra de Dios. Para que esto termine, no necesitamos ver, sino creer a la verdad sobre Jesús, arrepentirse de vivir haciendo lo que nos parece y empezar de nuevo por el agua y el espíritu de Dios.
Al igual que un bebe va desarrollando sus sentidos - especialmente vista y oído – así también vamos viendo de apoco, oyendo más claramente y discerniendo las acciones divinas entre el Hijo de Dios y nosotros. El bebe crece sin presiones, sin apuros, bajo el cuidado de sus progenitores, de ellos recibe el alimento adecuado. Llevará un tiempo hasta que se agudiza su vista y su oído distingue fácilmente la voz de sus padres; cuando ocurre esto se le escapa una sonrisa y sus ojos saltan y empiezan a brillar de alegría.
No hacemos ningún esfuerzo para que aparezca la luna o el sol, menos aún para contener los océanos o hacer que los vientos cambien de rumbo; sin embargo y pese al desgaste al que está sujeto el universo, todo está ahí y aportan a nuestra existencia. Del mismo modo y para vida eterna, el Hijo de Dios vive y reina junto a su Padre y desde su posición aporta a nuestras vidas mediante su Espíritu en nosotros por diversos medios. Las ovejas, con el tiempo aprendemos a reconocen la voz de su pastor, a velar entre nosotros y animarnos - unos a otros - a fijar los ojos en su Persona. Él nos guía a buenos pastos.
En este proceso estamos, quien más quien menos, donde quiera que residamos los que quieren agradar a Dios: viviendo en paz con la “vista” puesta en el Hijo.
 
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